¿Tenemos cultura de pactos?

Pactos. No hay palabra que se pronuncie más estos días, entre los políticos, los medios de comunicación y los ciudadanos que estamos a la espera de ver cómo se configuran los gobiernos de los ayuntamientos y comunidades que guiarán nuestros pasos durante los próximos cuatro años. Y es que la situación que se ha dibujado tras las elecciones del pasado 24 de mayo ha dejado un mosaico de minorías y mayorías simples que hace indispensable el acuerdo para poder componer gobiernos estables y poder llevar a cabo políticas y programas.

“Los ciudadanos han votado cambio” dicen unos, “han votado pluralidad” es la lectura de otros estos últimos días pero, ¿está la sociedad preparada para esa pluralidad? ¿Existe en España cultura de consenso? La respuesta es que sí, si echamos la vista atrás en algunos de los momentos más críticos de nuestra historia reciente.

Los responsables políticos consultados por este diario afirman que ha habido pactos “siempre que ha habido necesidad”, como resume un veterano de los pactos, el senador por Iniciatia per Catalunya Verds (ICV) Jordi Guillot, quien recuerda que la ciudad de Barcelona ha tenido 32 años de coaliciones de gobierno y Cataluña con dos tripartitos entre 2003 y 2010. Sin embargo, señala como novedad en esta ocasión que “las mayorías absolutas van desapareciendo” y en segundo lugar que “hay más protagonistas”, dos de ellos “decisivos” para el nuevo mapa político como son Podemos y Ciudadanos.

El problema para Isabel Rodríguez, diputada por Ciudad Real y portavoz adjunta del PSOE en el Congreso, es que las mayorías absolutas “se olvidan de quienes no les han votado”. “Hay millones de españoles que no comparten sus ideas y proyectos” ante lo que, lo ideal, es acordar y pactar “para acercar posiciones conjuntas y representar a mayorías mucho más amplias”. ¿La clave? “Capacidad de entendimiento e ir superando las tensiones que se pueden generar” porque “siempre hay una merma programática” dice Guillot.

Para Rodríguez se trata de un nuevo escenario que se veía venir y que será el que tengamos en unos meses en el Congreso de los Diputados, según auguró, pero un escenario no obstante “positivo” porque “va a poner en valor, el diálogo, la palabra y los acuerdos”, aunque reconoce que si no se actúa con lealtad y poniendo los intereses de los ciudadanos por encima de los partidistas “corres el riesgo de bloquear la gestión”. “Nuestra responsabilidad está en interpretar la voluntad de los ciudadanos no para el bloqueo sino para el acuerdo”, argumenta poniendo el caso de Andalucía como ejemplo, sin poder formar gobierno hasta ayer después de más de dos meses de negociaciones.

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¿Tenemos cultura de pactos?

“El PP ha demostrado que es un partido de diálogo y abierto” defiende el senador por Ávila y Portavoz del Grupo Parlamentario Popular en la Cámara Alta, Antolín Sanz, tanto en minorías como los gobiernos nacionales de Aznar desde 1996, como en mayorías absolutas como la de Juan Vicente Herrera en Castilla y León, siendo “de los pocos gobiernos donde ha habido más acuerdos sociales”. Sanz recuerda que la opción del PP sigue siendo “dejar que gobierne la lista más votada”, tanto si es del PP como si es del PSOE, casándola con la búsqueda de la estabilidad institucional. “Los españoles lo que quieren es estabilidad” analiza Sanz, quien entiende también este nuevo escenario como “positivo”, aunque critica que “muchos están mirando a las generales y no se mojan” en vez de dejar eso de lado y buscar acuerdos de legislatura para garantizar la estabilidad que “también cotiza en bolsa”, expresa.

Salvando las diferencias entre unos y otros, y las líneas rojas, claro que tenemos cultura de pactos y consensos, lo que pasa es que se nos ha olvidado. La Transición española se hizo a base de pactos, de acercar posturas, de poner el foco en los puntos en común y apagar el que ilumina las diferencias. En definitiva, de consensuar el futuro. Aquellos pactos tenían una máxima, la de mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos y construir ese futuro en el que todos tuvieran cabida.

Es verdad que nada tiene que ver el momento actual con aquel. Ahora miramos a aquella política con nostalgia y a sus políticos con admiración, era la grandeza de la Democracia. Pero la pluralidad que se ha configurado tras las elecciones del 24 de mayo también forma parte de la grandeza de aquella, y de esta Democracia. Ahora

están en plena ebullición los contactos, los encuentros, las conversaciones y los acercamientos, pero los partidos políticos tendrán que acostumbrarse a esta nueva situación que será positiva mientras su objetivo siga siendo el futuro y porvenir de los ciudadanos porque “lo importante es el resultado” defiende Guillot, un resultado del que “el ciudadano va a tomar nota” de cara a noviembre, advierte Antolín Sanz.

Publicado en La Tribuna de Castilla-La Mancha el 11/06/2015

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