Martes 04 de marzo de 2008

Castilla-La Mancha está ganando posiciones. La época dorada del autoempleo ha llegado hasta la Comunidad en lo que arroja unas cifras muy optimistas viendo de dónde venimos. En esta región la cultura funcionarial se hizo un hueco tan grande que está costando taparlo, pero eso está cambiando. La Cultura funcionarial está dejando, cada vez más, paso a la cultura emprendedora. Dos razones están motivando este cambio en la concepción de desarrollo económico. El primero de ellos tiene que ver con las políticas adoptadas por las distintas administraciones, como es el caso de la Junta de Comunidades. Bien es verdad que el fomento del autoempleo es una obligación que nos viene impuesta desde los pactos firmados por los países miembros de la unión Europea, pero el gobierno de José María Barreda se está desmarcando de esas meras exigencias para impulsar el desarrollo de los emprendedores. Sus bazas están siendo bien acogidas por el ámbito empresarial que entiende que la cobertura por cese de actividad en los trabajadores autónomos, o las ayudas a los familiares que hasta ahora no estaban considerados como empleados, por ejemplo, son pasos que hay que dar para conseguir la equiparación entre los distintos tipos de trabajadores. El hecho de que el 85 por ciento de las empresas de nuestra región estén catalogadas como empresas familiares, ha llevado a tomar una medida que ya ha hecho suspirar a más de uno. La supresión del impuesto de donaciones y sucesiones ha sido un reto demandado desde hacía mucho. La cercanía a Madrid, comunidad que ya lo había suprimido, había generado una evasión de capital humano y económico que no nos podíamos permitir. Así, Castilla-La Mancha, una vez más, ha vuelto a tomar la iniciativa para acabar con lo que era un gran problema a la hora de dar continuidad a las empresas familiares.

Por otro lado encontramos un hastío generalizado en los trabajadores por cuenta ajena, que ven en la creación de un negocio propio la salida a la situación económica actual. Es decir, una válvula de escape para los bajos sueldos que no satisfacen las necesidades del empleado, la precariedad laboral y una escasa calidad de vida en lo que pocas veces se encuentra acorde con su productividad. En este caso aún no hemos conseguido estar a la altura de otros países en los que esa cultura emprendedora está más arraigada. Lo vemos en el trabajador extranjero, a veces inmigrante, que con menos recursos pero con nuevas ideas está arriesgando más. Esto también nos lleva a estar más atentos a las nuevas tendencias para no perder la competitividad y apostar por las empresas propias, las de casa. En este caso, la adaptación a las nuevas tecnologías puede ser de gran ayuda para aguantar la embestida.

Todos estos factores han conseguido ya que el emprendedor constituya nada menos que el 20% del empresariado regional, un soporte sólido a la economía que seguro veremos crecer en los próximos años. ¿Será la victoria del emprendedor sobre el funcionario?

Publicado en el diario Negocio

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