Martes 18 de marzo de 2008

Dentro de poco, la sociedad y el mundo automovilístico se van a jugar mucho. Con la nueva legislación en materia de emisiones de CO2 se van a poner a prueba varios aspectos, de la sociedad por un lado y de la economía por el otro.

En cuanto a la sociedad nos vamos a encontrar con una disyuntiva que en algunos países se ha superado pero que en el nuestro se está empezando a dar: es el sacrificio de la comodidad en el transporte por la eficiencia energética y respeto al medio ambiente. Aún habiendo aumentado las tasas de matriculación en los vehículos de gran cilindrada, cada vez más se ven por nuestras carreteras grandes coches todo terreno, vehículos de alta gama desbordantes en potencia pero sedientos de consumo. Una imagen que para muchos puede significar un país desarrollado pero que para otros, no se trata más que del triunfo de la apariencia más propia de los países culturalmente subdesarrollados. En cuanto a la economía, la rentabilidad del sector en los próximos años va a verse mermada e incluso se pueden dar amenazas de extinción en algunos sectores concretos. En la última década se han logrado grandes avances en la reducción de las emisiones de CO2 a la atmósfera, pero no es suficiente. La Asociación de Constructores Europeos de Automóviles asumió el compromiso voluntario de llegar a unos niveles medios de emisiones de 140 g/km para el presente año. A pesar de las buenas intenciones, la Comisión Europea propuso para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero llegar a un nivel de 120 g/km por vehículo nuevo para el año 2012, es decir, un 2,9 por ciento de reducción anual para los próximos 5 años. Esto implica nada menos que casi el doble del ritmo que se ha alcanzado en los últimos 10 años. Un estudio realizado a finales de 2007 por la consultora internacional A.T. Kearney y el banco Credit Suisse estimaba que los fabricantes deberían invertir entre 11 y 18 mil millones de euros anuales para cumplir con este objetivo. A cambio, y debido a la mejora de la eficiencia energética, el ahorro para los conductores podría llegar a superar los 65 mil millones de euros.

Con estas cifras sobre el papel, quedan pocas dudas para que la sociedad haga el sacrificio arriba enunciado, pero la pregunta que se hacen ahora los fabricantes es si en las inversiones para la producción de vehículos menos contaminantes se puede recoger parte de aquel ahorro en los conductores. Los fabricantes de vehículos de alta gama lo tienen más fácil ya que pueden ‘envolver’ el coste de la innovación en el ciclo de vida del automóvil. Las marcas generalistas en cambio, que producen el 70 por ciento de las emisiones de CO2 de todo el parque automovilístico, lo tienen algo más difícil ya que sus márgenes de beneficio por vehículo son menores. En este caso el reto se marca en plantear nuevos modelos de ingresos menos tradicionales, sirva como ejemplo el ya conocido sistema de renting o fórmulas como el pago por kilómetros –similar a la que ya utilizan muchos proveedores de equipos de oficinas en el pago por página impresa o fotocopiada-. Está claro que la reducción de emisiones representa un paso necesario, pero lo que a primera vista podía suponer una amenaza para el sector, también puede generar muchas oportunidades como fuente de ventaja competitiva.

Publicado en el diario Negocio

Anuncios