Martes 25 de marzo de 2008

Cualquiera que se haya alojado en hoteles en los últimos años habrá notado algunos cambios. La evolución hotelera no es tan perceptible como el que te cambien la decoración de una habitación o el trato más personalizado de algunas cadenas, la evolución se nota sobre todo con el paso del tiempo y en las estructuras fundamentales de su composición y gestión.

Antes de 2006 las cadenas hoteleras españolas registraban, año tras año, un descenso en sus ingresos y repuntes a la baja en sus rentabilidades. Pero el año 2006 volvió a arrojar esperanzas para el sector ya que se produjo un crecimiento generalizado en los ingresos por habitación disponible, tanto en el segmento de hoteles urbanos como en los vacacionales. En el primero de los casos, el éxito de los destinos urbanos ha venido dado en parte por la mejora en las comunicaciones y la implantación de puentes aéreos que ha posibilitado la conexión de las principales ciudades europeas con vuelos regulares. Un tipo de destino caracterizado por estancias cortas relacionadas con el trabajo y los negocios. En el segundo caso, el destino vacacional, ha mejorado sus resultados por la situación económica española del momento, la recuperación del mercado alemán –un país tradicionalmente emisor de turismo de playa- y por qué no, los problemas de seguridad que han experimentado algunos de los destinos emergentes que pretendían pujar con fuerza. Todo esto ha logrado que España se vuelva a situar en los principales paquetes de viajes. Buenos ejercicios en ambos casos como lo refleja la Encuesta de Clima Turístico Empresarial elaborada por Exceltur.

En la actualidad, los principales responsables de las cadenas hoteleras no pueden olvidar los cambios estructurales que se están produciendo y los nuevos desafíos que se están presentando para el sector. Tres son los grandes retos que aparecen que, en algunos casos se podrán convertir en oportunidades y en otros, en amenazas. En primer lugar destaca la aparición de canales de distribución como Internet. La red puede propiciar una gran difusión de los destinos y potenciar la venta directa, de modo que se puede tener un mayor control sobre la comercialización y una menor dependencia de los poderosos mayoristas. Pero también puede llevar a la aparición de nuevos gigantes de distribución que puede hacer retroceder la autonomía de las cadenas hoteleras –casos ya se han dado en Estados Unidos como Expedia-. Un segundo gran cambio lo vemos en la transformación del perfil del cliente, cada vez más informado y más exigente en los servicios que desea recibir en destino. Esto está contribuyendo a una mayor transparencia del sector y mayor segmentación de la demanda: de paquetes cerrados en los que el cliente apenas tenía capacidad de maniobra, hemos pasado a viajes hechos casi a medida y desde casa. En último lugar, las cadenas hoteleras están experimentando cambios en los modelos de propiedad y estilos de gestión. Cambios que se han notado en la entrada de inversores externos en el capital de las cadenas. Nuevos propietarios que no se conforman con la escasa rentabilidad que ofrecían los modelos familiares, más exigentes en la rentabilidad y sedientos de ganancias. Tres variables, canales, clientes y empresarios, que invitan a plantearse alguna reflexión…

Publicado en el diario Negocio

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