Martes 08 de abril de 2008

Ya sabíamos que hablar de la publicación de las balanzas fiscales iba a acarrear un debate autonómico encendido. El anuncio del Vicepresidente económico Pedro Solbes de aumentar la transparencia financiera de las Comunidades Autónomas a través de la publicación de las balanzas fiscales ha hecho dudar de la idoneidad del momento por encontrarnos a las puertas de la negociación para la financiación autonómica. No es nuevo, hablar de balanzas fiscales es hablar de las diferencias entre las distintas autonomías, las ricas y las pobres, el norte y el sur. Cataluña abandera esta reivindicación desde hace tiempo, arropados por el convencimiento de que su aportación al estado es mucho mayor que los beneficios que le reporta en inversiones. Por cierto, que según definición del propio Ministerio de Economía, balanza fiscal se entiende por “un instrumento de información económica que imputa territorialmente los ingresos y gastos de las instituciones del sector público en un periodo de tiempo determinado, y calcula el saldo fiscal resultante en cada territorio”. Lo dicho, en el caso de Cataluña, ese saldo resultante sería deficitario, dan mucho y reciben poco.           Primer problema con el que nos encontramos, las regiones más ricas tenderán a obtener estos saldos en un sistema de inversión estatal basado, como dice la Constitución, en la solidaridad y preocupación por la cohesión interterritorial. Este modelo de reparto de la riqueza es conocido y todos nos hemos beneficiado de él en algún momento, sólo basta mirar a Europa para encontrar los Fondos de Cohesión o los Fondos de ayuda al Desarrollo Rural.

El segundo problema al que nos enfrentamos consiste en el modelo de cálculo para representar el saldo fiscal. El primero ya lo hemos visto, una simple cuenta matemática que sale positivo o negativo, pero el otro modelo es más complicado de desarrollar por un componente más intangible. Se trata del prorrateo de las inversiones de las distintas comunidades que de ellas se benefician. Por ejemplo, el gobierno invierte en una comunidad en obras de infraestructura, obras de las que no sólo se van a beneficiar en el territorio objetivo, sino que repercutirá en las comunicaciones de las comunidades vecinas –las obras del AVE en Aragón mejoran la vida de los aragoneses, pero también la de los habitantes de otras autonomías que podrán viajar en la línea de alta velocidad Madrid-Barcelona-.  Solbes ya adelantó que se utilizarían dos fórmulas y distintas variables para obtener el cálculo, es decir, no sólo se encontrarán con dos resultados distintos sino que además serán susceptibles de varias interpretaciones. Bien el ministro quiere que todo el mundo esté contento, o bien no quiere, como así se ha reiterado, que la publicación de las balanzas fiscales influya en la negociación de la financiación autonómica que está a punto de iniciarse.

El asunto se las trae y no deja de ser paradójico hasta qué punto el querer que todos los españoles tengan las mismas prestaciones en los servicios públicos, puede plantear dudas sobre la primacía de la equidad o el destierro de la solidaridad. Habrá que ver si de verdad esto no influye en las negociaciones autonómicas.

Publicado en el diario Negocio

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