Martes 20 de mayo de 2008

Demasiado complejo como para dejar la reforma del modelo de financiación autonómica al antojo de una pataleta. Son muchos los criterios que han de ser tenidos en cuenta antes de abordar cambios en los modelos de financiación. Y no hablamos sólo de la publicación de las balanzas fiscales que, como ya dijimos en otra ocasión, poseen demasiadas variables como para establecer la fórmula adecuada.

Desde el año 2001 en que fue ratificado por todas las comunidades autónomas, se mantiene un modelo de financiación que toma varios principios para su ejecución, unos principios que por cierto, no parecen significar para todos lo mismo. Algunos de estos principios son el de generalidad, que se refiere al carácter integrador en la financiación de todos los servicios; el de estabilidad que alude al carácter permanente de los fondos para conocer los recursos de que se disponen; y uno de los más controvertidos, el de solidaridad, recogido en la Constitución y que justifica de alguna manera la creación del Fondo de Suficiencia que es el que permite la transferencia de recursos entre las comunidades más ricas y las más necesitadas. No olvidemos que este sistema recoge dos modelos de financiación, el régimen Foral por el que se rigen las comunidades vasca y navarra –además de Canarias y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla-, y el régimen común por el que se articulan el resto de regiones –Sistema LOFCA-. No vamos a entrar en detalles pero para que quede reflejado, los modelos de financiación se distinguen en que, de un lado están los tributos que han sido completamente cedidos a las comunidades autónomas y de los que reciben el 100 por cien de la recaudación –patrimonio, sucesiones y donaciones o el juego-, luego están los impuestos compartidos de los que el Estado sólo cede una parte a las autonomías –IRPF un 33 por ciento, IVA un 35 por ciento, o impuestos especiales sobre alcoholes y tabaco de los que se revierte un 40 por ciento a los gobiernos regionales-.

En el último grupo está el polémico Fondo de Suficiencia, que es esa financiación adicional que tiene por objeto cubrir la diferencia entre las necesidades de gasto de cada comunidad. Aquí hablamos de los servicios que son comunes en todas las regiones y que han de ser ofrecidos a la ciudadanía en el mismo número y calidad, como servicios sanitarios, educativos y servicios sociales. El problema es que no todas las comunidades tienen las mismas facilidades para prestar estos servicios, razón por la que el presidente de Castilla-La Mancha apelaba a la dispersión poblacional de su comunidad para argumentar la mayor dificultad de hacer llegar estos servicios a todos los puntos de la geografía.

Cataluña pide a gritos una reforma del sistema mirando de reojo a la financiación que tiene el gobierno alemán, que establece nuestros mismos principios pero en un modelo cercano al IRPF por el que los que más tienen aportan más al estado pero que al final siempre contarán con más dinero que los que menos tienen. Puede que sea la fórmula, pero el amenazar con pedir el Concierto Económico que ahora prima en el País Vasco puede que sea el método más injusto de los barajados.

Reforma sí, pero contando con que hay comunidades que aún tienen muchas necesidades que cubrir y no tienen recursos propios para hacerlo por lo que el Fondo de Suficiencia aún está en vigor.

Publicado en el diario Negocio

Anuncios