Martes 27 de mayo de 2008

El Congreso de los Diputados somete hoy a votación la propuesta de Convergencia i Unió (CiU) para articular una auténtica política de vivienda que facilite el acceso a los que menos posibilidades tienen en el marco de la actual crisis económica. Entre ellas, destaca el dotar de más recursos al Instituto de Crédito Oficial (ICO) para contener la crisis del sector de la construcción. La formación catalana pretende que se multipliquen por cuatro los recursos que el Estado destinará a políticas de vivienda a lo largo de esta legislatura mediante la aprobación del nuevo Plan Nacional de Vivienda 2009-2012 y que tendrá que ser consensuado con las comunidades autónomas.

La propuesta de CiU, que contempla además otra serie de medidas como ampliar el porcentaje máximo de financiación para la adquisición de viviendas protegidas o los incentivos fiscales a las políticas de alquiler, es una más de tantas que ya hemos oído de todos lados, colores y organizaciones: con garantías pero sin efectividad a corto plazo.

Este fin de semana ha tenido lugar un evento que sí que pone sobre la mesa la solución más inmediata para conseguir aplacar la situación de la vivienda en España, bajar los precios. El recinto ferial de la Casa de Campo de Madrid acogió una subasta a la baja en la que salieron a la venta cerca de 200 pisos nuevos que se adquirieron con descuentos de hasta el 45 por ciento. La compañía especializada en subastas Tulipp, organizó este evento con inmuebles cedidos por promotoras de pequeño y mediano tamaño, una veintena de ellas entre las que destacan Quirbasa, Gonayra y Bancaja Hábitat con inmuebles repartidos por Madrid, Toledo, Baleares, Castellón, Valencia, Alicante, Almería, Málaga y Cádiz.

Este tipo de subastas, también denominadas subastas holandesas se realiza por un proceso inverso al tradicional. Los promotores llegan a un acuerdo secreto con la compañía Tulipp por el que se establece un precio mínimo de venta de los activos. Si el primer pujador ofrece un importe superior al precio mínimo establecido, se convertirá en adjudicatario del inmueble por el precio reducido en ocasiones hasta un 45 por ciento. Por el contrario, en caso de que la primera persona que puje ofrezca una cantidad inferior a la pactada por el inmueble, éste se retira automáticamente de la subasta, sin posibilidad posterior de volver a pujar por él.

Este tipo de subastas se está convirtiendo en una fórmula eficaz ante la coyuntura actual con cada vez más escasez de demanda y una oferta de stocks para la que no se encuentra salida. Las constructoras deciden reducir sus márgenes de beneficios antes que quedarse con los pisos vacíos y perdiendo cada vez más valor en el mercado. Un método que si lo aplicásemos a otras muchas variables económicas nos sacaría de más de un aprieto, por ejemplo, ¿se imaginan una subasta ‘holandesa’ con el petróleo? Los márgenes de beneficio se reducirían sí, pero no hasta el punto de tener pérdidas ya que sigue existiendo una demanda elevada. Con el petróleo está pasando lo mismo que con la vivienda, se está inflando una burbuja –negra en este caso- que tendrá que desinflarse controladamente o explotar, y ojo, las manchas de petróleo no salen como las del ladrillo. Por tanto, punto positivo a los salones inmobiliarios de low cost y bravo por las viviendas obtenidas a la holandesa.

Publicado en el diario Negocio

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