Martes 17 de junio de 2008

U optamos por la conciliación de la vida familiar y laboral o nos dedicamos el resto del tiempo a trabajar. Cuesta creer el acontecimiento que se está debatiendo en el Parlamento Europeo. La aprobación de la Directiva del Tiempo de Trabajo que permite la ampliación de la jornada laboral hasta las 65 horas semanales está dando mucho que hablar, y esto no es sólo cosa de economía. Pocas iniciativas han tenido tanta incidencia como la que puede que se ratifique en breve por el Parlamento Europeo.

Para que nos entendamos, en la actualidad esta directiva contempla un máximo de 48 horas semanales con 11 horas seguidas de descanso entre jornada y jornada, con un descanso cuando ésta supera las 6 horas de trabajo y un día de descanso a la semana como mínimo. Lo que se pretende es que sea posible que la semana laboral llegue a las 60 horas en régimen general y hasta las 65 cuando se trate de casos especiales como las guardias médicas. El objetivo no es otro que mejorar la productividad y la eficiencia en el trabajo. Primer error. Ya se ha demostrado en muchas ocasiones y en no pocos estudios que la productividad no es proporcional a las horas de trabajo, y si lo es, es a la inversa. A más horas trabajando se reduce la productividad y la eficiencia por la falta de descanso. Para muestra, Polonia tiene la jornada laboral más prolongada (40,1 horas por semana) y la menor producción por hora. El segundo lugar lo ocupa Portugal (39,1 horas por semana) y luego está España, siendo el tercer país que menor rendimiento obtiene de sus 38,3 horas semanales. Por su parte, Holanda, Alemania y Bélgica son los países con jornadas medias más breves y se encuentran entre los 4 en los que la productividad por hora trabajada es mayor. Aquí va el primer paso atrás.

La propuesta, impulsada por la ministra de trabajo de Eslovenia Marjeta Cotman –Eslovenia ocupa ahora la presidencia europea-, invita a que sean los trabajadores, individualmente, los que negocien con sus jefes o empresas la jornada laboral y los salarios correspondientes, por lo que se dinamita uno de los pilares de los derechos laborales: la negociación colectiva. Otro paso atrás. En nuestro país se lleva tiempo apostando por la conciliación de la vida familiar y laboral, un derecho que quedaría truncado con la apuesta de los 27 de ampliar las horas semanales porque –y a esto se le ha dado poca publicidad-, no hay que olvidar que las horas se deben computar en trimestres, es decir, repartir unas 720 horas de trabajo en 90 días. ¿Quién cuidará de nuestros hijos? Paso atrás. En cuestión de salud existe otro argumento. A un mayor número de horas trabajando aumenta el cansancio, la falta de sueño, y por tanto el riesgo de sufrir accidentes laborales. Otra apuesta de las administraciones y sindicatos que quedaría relegada a un segundo plano, y no podemos decir que la siniestralidad laboral sea algo que no preocupa en estos momentos. Atrás. Si sacamos la calculadora, la media diaria de trabajo sería de unas 12 horas. Sí, todos hemos trabajado más de una vez estas horas e incluso más, pero no hace falta consultar los estudios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para comprobar que ésta es una jornada excesiva que no satisface a nadie, ni al trabajador por razones evidentes, ni al empleador por la escasez de rendimiento. Paso atrás. Así, sumadas, la directiva son 65 horas de retroceso.

Publicado en el diario Negocio

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