Martes 01 de julio de 2008

A saber, sostenibilidad, rentabilidad de la producción, alternativas ante una escasez de recursos fósiles, producción respetuosa con el medio ambiente, etc. La marcha de los tiempos nos ha abierto los ojos ante una cuestión que ya tarda en debatirse en los ámbitos apropiados. Hoy se vuelve a plantear la necesidad de hacer de la crisis una oportunidad para establecer nuevas regulaciones, nuevos conceptos energéticos y, por qué no, nuevas formas de obtener la energía sin poner en peligro –aún más- nuestro entorno natural.

Los recursos fósiles –gas y petróleo- están empezando a experimentar una escasez que como de todos es sabido, está elevando los precios –ley de la oferta y la demanda y un mayor consumo por las economías emergentes- y está complicando aún más su obtención y posterior exportación por los problemas de estabilidad que presentan los países productores, sobre todo en Oriente Medio. Para cualquier empresario, el binomio entre altos precios y dificultades políticas para la comercialización suponen demasiado riesgo para un negocio siquiera medio rentable.

No hace mucho se volvió a retomar el debate de la energía nuclear como sustituta de los combustibles fósiles, y a pesar del rechazo que a priori genera en la sociedad, no resulta tan descabellado si comparamos algunas cifras. A la ya mencionada incertidumbre en los mercados fósiles, se suma otra variable como es la del respeto con el medio ambiente. La generación de electricidad por la vía nuclear no produce contaminación por gases, y para el que sea escéptico con esta afirmación, tenemos dos ejemplos exitosos de esta política: en Francia en donde de 1979 a 1987 el total de emisiones se redujo en un 20 por ciento, y en Suecia, donde de 1979 a 1987 lo hizo en un 25 por ciento. En aquella época, estos dos países incorporaron un gran porcentaje de energía nuclear y de hidroeléctricas como opción efectiva para reducir las emisiones de CO2. La pregunta es si la variable costo-eficiencia sale rentable. Ya se sabe que la gran debilidad de la energía nuclear se encuentra en los altos costos iniciales y en el manejo del riesgo, una inversión muy por encima que la que se exige para las centrales de gas y carbón pero, según afirma la revista británica The Economist, el gran interés que se tiene ahora en Estados Unidos por la energía nuclear se debe precisamente a su gran rentabilidad. Así, podemos concluir que la opción es muy atractiva ya que resulta muy efectiva para alcanzar los dos objetivos más importantes a día de hoy: reducir las emisiones de CO2 y reducir la dependencia energética exterior que tanto influye en los precios de las materias primas.

Por otro lado, y también como alternativa, nos encontramos con las energías renovables, especialmente con la eólica que está experimentando un desarrollo extraordinario. Según la Asociación de Empresas Eólicas (AEE), la energía procedente del viento cubrió en el año 2007 casi el 10 por ciento de la demanda eléctrica española, los molinos movieron más de un 1 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) y sus aspas gestionaron cerca de 10.000 millones de euros. Las empresas españolas lideran el mercado eólico mundial y emplean a cerca de 45.000 personas. Las preguntas que quedan por responder son si el recuperar la energía nuclear puede garantizar la seguridad de los núcleos de población y si, como tantas veces hemos imaginado, es posible vivir del aire.

Publicado en el diario Negocio

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