Martes 08 de julio de 2008

Hasta ahora se ha hablado de la crisis en el sector de la construcción, su repercusión en otras industrias auxiliares y su afectación en otro tipo de industrias dependientes, en cierto modo, del sector inmobiliario. Pero llega el verano y con él los planes para salir de vacaciones, contratar estancias o viajes. Es en este momento cuando el sector turístico, hotelero y hostelero, se empieza a plantear unas previsiones de resultados muy lejos de las que se podrían haber dado en un momento de coyuntura económica favorable.

Bien es verdad que es sector turístico siempre ser ha mostrado muy fuerte a la hora de afrontar las crisis económicas. Desde 1980, España ha sufrido tres grandes crisis y nunca, en ninguna de ellas, ha bajado el número de turistas. Puede que esta vez ocurra lo mismo, o no, pero es más que probable que las cajas registradoras de los destinos vacacionales no reciban la misma cantidad de ingresos. Y es que si en algo se caracteriza, al menos el ciudadano español, es que cuando su poder adquisitivo se reduce, se pueden reducir los días de estancia, los recorridos o los gastos, pero nunca renuncia a unas vacaciones. Gracias a esta condición del ser humano moderno, el turismo aporta el 12 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) español y supone el 10 por ciento del empleo del país, cotas más que suficientes como para seguir mimando al sector.   No hay que alarmarse, en todos los sectores y en todos los momentos se han producido bajas en los negocios, empresas que cierran porque no han conseguido resultados o absorciones de los más grandes a los más pequeños. Esto es una ley en el mercado, el grande se come al pequeño y el que no se mueva en los negocios, no avanza. Pero es que este año la cosa se complica. En los cinco primeros meses del año, han sido 547 las empresas dedicadas al sector de la hostelería las que han tenido que cerrar sus puertas –la mayoría pequeños restaurantes-, y aunque esto pase en todas las familias, ya supone un 30 por ciento más de disoluciones de las que se produjeron en el mismo periodo del año pasado. La preocupación del sector es evidente. Como siempre, las empresas más vulnerables a las variables de los ciclos económicos, son las menos capacitadas, las menos diversificadas y en el caso del turismo, los distintos segmentos de alojamientos. A los que se quedan, la situación tampoco les será un camino de rosas, se verán obligados a reducir sus márgenes de beneficios al no poder trasladar a los precios finales el incremento en los costes de los carburantes, en los precios de las materias primas y los servicios o la inflación que ya se ha situado en el 5,1 por ciento.

Como en toda crisis también se abre una oportunidad aunque se pueda considerar esta vez un tanto cuestionable moralmente. Se trata de la adquisición de recursos inmobiliarios por la falta de liquidez de algunas empresas. Muchas ya han comenzado a poner a la venta parte de su patrimonio hotelero. Las inmobiliarias necesitadas de liquidez para afrontar las deudas son carne de cañón para las grandes cadenas hoteleras que pueden ver en estas ventas, buenas posibilidades de expansión. Será muy difícil no ver este año las playas abarrotadas, como difícil sería no encontrarse atascos en las principales carreteras hacia la costa, pero sí puede que nos encontremos más bocadillos bajo la sombrilla, que paellas en los chiringuitos.

Publicado en el diario Negocio

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