Martes 22 de julio de 2008

Tradicionalmente el verano ha dado un respiro a las cifras del paro. Las necesidades del sector turístico y el sector servicios hacían posible elevar el número de afiliaciones a la Seguridad Social durante al menos tres meses al año. La gran estacionalidad a la que se tienen que adaptar muchos negocios en los meses estivales hacía que al menos ese tiempo, se viera como un oasis en medio del desierto la posibilidad de realizar contratos. Camareros, socorristas, recepcionistas de hoteles, servicio de limpieza de habitaciones, dependientes de comercios, etc. Todos ellos trabajos que sobre todo encuentran salida en estos meses y en los lugares más tradicionales de descanso vacacional, como las zonas de costa. Y eso aun contando los contratos regulados, pero no olvidemos que infinidad de jóvenes y estudiantes, en busca de una experiencia laboral o un primer sueldo, se prestan a ejercer una profesión sin un contrato de por medio y sin cotizar a la Seguridad Social. Muchos renuncian a unas condiciones contractuales a cambio de dinero limpio y exclusivo para ellos. Bares, terrazas, chiringuitos, pequeños comercios o cocinas en restaurantes son lugares donde se puede encontrar a estos ‘empleados’ de verano. Es verdad que en muchos casos esto se hace con el consentimiento del interesado, pero otras veces son los empleadores los que obvian los pasos legales para ahorrarse papeleos y sacar el máximo partido y productividad de un periodo concreto. Y ya se sabe que cuando hay productividad, debería haber unas protecciones para el trabajador. Existen fórmulas que, aunque menos apreciadas por los demandantes de empleo, resultan buenas salidas legales como los contratos por obra, servicio o sustitución y las prácticas formativas, si bien es cierto que aquí también se producen abusos. Jóvenes estudiantes e incluso licenciados que entran a trabajar en una compañía con un contrato de prácticas sólo en los meses de verano y que en realidad están cubriendo un puesto de verdad, realizando las tareas propias del puesto y ni siquiera con un periodo formativo o un plan teórico que forme a esta persona en las tareas adecuadas.

Durante años se han pasado por alto muchas de estas situaciones porque las cifras de paro descendían lo suficiente como para hacer una media ‘razonable’. Pero los últimos diez años han sido bien distintos a éste en el que nos encontramos, donde puede que este tradicional oasis veraniego para el empleo se convierta en un espejismo. La crisis económica está reduciendo los periodos vacacionales. La desaceleración está propiciando menos gasto por persona en los días de descanso. La recesión está provocando una merma en los beneficios de los establecimientos que siempre se han nutrido del turismo. En definitiva, que como ustedes quieran llamar a la situación económica actual, está desbaratando un habitual periodo de beneficios. Son muchos establecimientos los que no contratarán a empleados para los meses de verano, muchos restaurantes en los que necesitarán menos cocineros y muchas terrazas que no tendrán que poner tantas mesas porque no se llenarán. Esto sólo hace temer por lo que está por venir, y es que en este pasado mes de junio, según datos del Ministerio de Trabajo e Inmigración, se perdieron más de 18.800 afiliados a la Seguridad Social, mientras que en junio del año pasado, se ganaron 574.800. Los datos de julio y agosto, nos abrirán los ojos frente a este espejismo de verano.

Publicado en el diario Negocio

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