Martes 02 de septiembre de 2008

Es hora de volver de las vacaciones y es hora de volver a poner los pies en el suelo. La cruda realidad espera a muchos ciudadanos a la vuelta de este periodo de descanso en el que se han intentado evadir de los problemas, las preocupaciones y casi del monedero. Decimos casi porque, si bien los principales sectores de la economía se han visto ya afectados por la crisis, nos quedaba la esperanza de que el sector turístico hiciera de colchón. Pero los datos nos han dado otras cifras y la aparente impermeabilidad de este ámbito a los avatares de la economía se ha visto calada hasta los huesos. Ya en los primeros seis meses del año la ocupación hotelera de los españoles por ciudadano había caído un 0,5 por ciento y las pernoctaciones se habían reducido en un 2,2 por ciento. Agosto no ha sido diferente y las cifras se han desplomado hasta en un 6 por ciento. Ya se dijo que la recuperación tardaría en llegar, pero el ritmo del último mes está confirmando los peores pronósticos. El consumo ha descendido notablemente, la ocupación, los comercios y la venta de vehículos han sido los primeros, incluso de los vehículos de alta gama que son los menos afectados por una crisis económica. Y es que la inflación ha hecho estragos, aunque bien es verdad que en el último mes, el índice de precios de consumo adelantado se situaba por debajo de la barrera del 5 por ciento, una cifra que se tendrá que confirmar la próxima semana. La previsible estanflación de la economía –palabra maldita para los economistas- afecta ya a Estados Unidos y puede que esté más cerca de lo que parece. Ese periodo en el que se produce un estancamiento de la economía y el ritmo de la inflación no se detiene, presenta serios problemas a la hora de intentar regular los indicativos. Para que se entienda, si queremos combatir la inflación es necesario subir los tipos de interés, medida que como sabemos podría agravar aún más la crisis económica. En España existe un alto porcentaje de préstamos hipotecarios y el Euribor se ha situado ya en el 5,32 por ciento. Pero si por el contrario la pretensión es relanzar la economía, haría falta una política monetaria expansionista, es decir, con tipos de interés bajos, sabiendo que esta opción suele provocar una subida de los precios. El interés de los últimos meses se ha centrado sobre todo en dos de los principales componentes del índice de precios al consumo, los alimentos y la energía, predominando en éste último el petróleo. La relación entre unos y otro es más estrecha de lo que muchos piensan. La agricultura industrial, tecnología que ha provisto de alimentos más baratos a las economías industriales desde hace más de medio siglo, consume una gran cantidad de energía, de hecho se calcula que hace falta 1,89 litros de petróleo para cultivar 25,4 kilogramos de maíz. La proporción, según el estudio Deep Economy de 2007, es un 25 por ciento para la fabricación de fertilizantes, sin los que no se podría alcanzar el rendimiento actual; un 35 por ciento a la maquinaria agrícola; un 7 por ciento para los sistemas de riego y el resto para transporte. Por lo tanto se puede concluir que cuando sube el precio de la gasolina, sube el precio de los alimentos –eso si los transportistas no convocan una huelga y los hacen desaparecer-. A pesar del reciente descenso del precio del barril, son muchos los que opinan que la demanda final no justifica el coste actual del petróleo, por lo que muchos deducen que ya nos encontramos en una burbuja petrolífera.

Publicado en el diario Negocio

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