Martes 09 de septiembre de 2008

La semana pasada el gobierno central lanzó un globo sonda para conocer cuál sería la reacción del país ante una medida que, sin duda, no ha tardado en hacer amigos y enemigos. La intención del ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero es dar un título de Formación Profesional a todos aquellos trabajadores mayores de 21 años y con 3 años de experiencia en el mercado laboral. La propuesta se las trae, jóvenes y no tan jóvenes que en su día decidieron no malgastar su tiempo estudiando un oficio, sino que escogieron aprenderlo a fuerza de machacarlo, podrán conseguir a final de año, si es que esto sale adelante, un título que les acredite como depositarios de los conocimientos necesarios para desarrollar un oficio. La base de la propuesta ya presenta sus incongruencias, dotar a los trabajadores de un título para que les sea más fácil acceder al mercado laboral. Pero a su vez les piden que ya hayan desarrollado una labor determinada durante al menos tres años, es decir, tiempo suficiente como para estar cómodos en el mercado laboral. Pero centrémonos en la cuestión de fondo, donde los afectados se dividen entre los amigos de la medida y los enemigos. A este último bando pertenecen los más puristas, los que han “malgastado” años de su vida en una carrera o en unos estudios para ampliar su formación y llevarla hasta unos niveles de cualificación suficientes como para encontrar un buen empleo. Personas que tras este sacrificio, van a ver cómo el resto de los mortales adquieren su mismo nivel en el desarrollo de una labor determinada. Sus argumentos son razonables y también de peso. Los estudios nos dan los conocimientos, nos muestran situaciones que puede que en el trabajo no vivamos pero que nos enseñan a desarrollarlas para salir del paso, en definitiva, nos dan una formación de calidad a la que nos aferramos para hacer valer nuestro trabajo, nuestro currículo y hacernos merecedores de un puesto de trabajo concreto. Una formación de calidad que se ha forjado a base de estudiar, leer, asistir a clases, etc. Un punto más que a favor para poder dar a los ciudadanos de un país la satisfacción de encontrarnos entre los más preparados para el mundo laboral.

Por otro lado están los amigos, los que se consideran suficientemente preparados aunque no hayan tenido que soportar las noches sin dormir por estudiar los exámenes o no sepan el nombre del inventor de cualquiera de las herramientas que utilicen en sus trabajos. Los que a base de sudor y esfuerzo han aprendido ese oficio al que desde pequeños se quisieron dedicar porque lo vieron en sus padres, sus abuelos, sus amigos o porque era lo que mejor se les daba y con lo que se sentían útiles de verdad. Aquellos a los que, a través de los que se conoce como la tercera vía, verán reconocida su dedicación a un oficio con un título que les diga, si no que saben todo lo que hay que saber para cumplir sus funciones, sí que están sobradamente capacitados para desarrollarlas con soltura, dignidad, experiencia y calidad, aunque no hayan “perdido” esos años buceando entre tratados de hostelería, diccionarios de mecánica, estudios de electricidad o ensayos sobre albañilería. Está más que demostrado que en muchos puestos de trabajo, la intuición, las ganas, la picardía, el tesón o la voluntad, son cualidades más beneficiosas que los años de carrera dedicados.

Publicado en el diario Negocio

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