Martes 16 de septiembre de 2008

Si no lo son ya, poco les falta. Se están convirtiendo en los nuevos dueños de las empresas, multinacionales, de los bancos, de los edificios más emblemáticos del globo, y lo están haciendo sin demasiada repercusión en los medios. Son los llamados fondos soberanos, cantidades ingentes de capital acumuladas por los gobiernos en previsión de un posible agotamiento de recursos o por una estudiada anticipación a la economía global. Su origen no está del todo claro, hay quien los data en 1953, con la creación del primer fondo estatal kuwatí para administrar los excedentes procedentes del petróleo, la actual Autoridad de Inversiones de Kuwait (KIA). Los fondos soberanos se han ido nutriendo de otras fuentes de ingresos llegando a amasar cantidades ingentes de activos. Los Fondos Soberanos basaban su actividad en la financiación de los países de origen, pero eso ha cambiado. La actual situación económica ha sido más que propicia para la entrada de este capital en el juego económico mundial. Es por eso que ante la sed de capital de las organizaciones empresariales de todo el mundo, se han sabido posicionar para inyectar ese dinero que tanto hace falta. Bancos como el Merril Lynch están ahora participados por el propio KIA de Kuwait que se hizo con el 5,7 por ciento de la entidad a principios de año. Esta entrada masiva de fondos controlados desde los países de origen no agrada especialmente a los países destino.  Tanto es así que la UE ya propuso que los fondos públicos de inversión procedentes de países como Arabia Saudí, Rusia o China, publicasen cada año su posición accionarial en las empresas europeas para reducir así las sospechas de que estos fondos servían para intereses estratégicos y políticos de sus propios gobiernos. Alemania es uno de los que ha dado un primer paso aprobando una nueva ley por la que se reserva el derecho de veto en inversiones superiores al 25 por ciento en empresas que el ejecutivo considera sensibles para la seguridad del país. Bruselas se mostró cauta respecto al control de las inversiones de los fondos soberanos, y es que alegaba que no quería espantar a unos fondos multimillonarios que podían contribuir a la estabilidad del sistema financiero internacional. Se calcula que la capacidad inversora de estos fondos llegará a los 11 billones de euros en 5 años. La cuestión que queda ahora por responder es si estamos dispuestos a dejar que regrese la hegemonía de los petrodólares y si no es así, si estamos preparados para afrontar una larga recesión mundial sin esos fondos soberanos.

Publicado en el diario Negocio

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