Martes 14 de octubre de 2008

Desaceleración económica mundial, la gran recesión, la mayor crisis de la historia. Son todos los adjetivos que se están escuchando por culpa de la situación económica mundial. Las bolsas en números rojos, caídas en las ventas, desaparición de empresas, etc. Una catástrofe para los analistas financieros ante la que los gobiernos de todo el mundo intentan poner protecciones y buscar soluciones. El ya conocido Plan de rescate de EE.UU. con 700.000 millones de dólares para salvar lo poco que queda de su sistema financiero ha abierto el coto para que otros mandatarios se pongan manos a la obra. Europa ha sido la primera en responder. El Reino Unido destinará 44.000 millones de euros para evitar la quiebra de sus 4 principales bancos, Lloyds, Barclays, HBOS y Royal Bank of Scotland; Alemania ya estudia un paquete de ayudas que podría ascender a los 400.000 millones de euros para la nacionalización parcial de las empresas con mayores problemas; mientras tanto en Islandia se colapsa el sistema bancario y Rusia está pidiendo que se amplíe el debate sobre la crisis a más países para, como pide Durao Barroso, alcanzar unos “niveles de coordinación entre naciones sin precedentes” para afrontar la crisis mundial. Todo eso para salvar a los grandes bancos que al fin y al cabo, no está de más, son los que guardan nuestro dinero. Pero, ¿y el resto qué? Dentro de poco empezaremos a comprobar cómo a pesar de las grandes inyecciones de dinero que reciben las entidades, seguirán siendo insuficientes porque los particulares no podrán pagar sus préstamos, sus hipotecas o sus créditos. Al igual que la bolsa está experimentando uno de sus mayores descalabros, la morosidad está a punto de registrar una de las mayores escaladas que se hayan conocido. Y es que el ciudadano de a pie también se está quedando sin recursos, perdiendo sus trabajos y viendo cómo los bancos les niegan las facilidades que no hace mucho concedían alegremente. El gobierno francés ha tirado la primera piedra en este sentido al contemplar la posibilidad de conceder micro créditos a particulares para afrontar gastos de poca cuantía pero absolutamente necesarios. Evidentemente no hablamos de renovar el televisor o de cambiar de coche. Hablamos de emergencias como una operación sanitaria o una prestación a las personas dependientes. Aquí en España, el Ministro de Trabajo era contundente al afirmar que las pensiones estaban garantizadas, a pesar de las largas lisas de paro. Algo es algo. Por cierto, hoy nos queda un consuelo, el precio del petróleo sigue bajando por el miedo a una recesión económica mundial, pero sólo hasta el próximo mes en que la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) estudie una estrategia para frenar su caída.

Publicado en el diario Negocio

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