Martes 28 de octubre de 2008

Ellos no, pero el resto lo piensa. La crisis económica ha sacado a la luz una de las vías de supervivencia para las corporaciones de todo tipo: la unión. Muchas grandes empresas ya lo han hecho, las pequeñas lo intentan y a pesar de todo, los grandes bancos internacionales se han visto obligados a cogerse a los salvavidas que han lanzado los gobiernos para no ahogarse en sus propias deudas. Hasta el momento la delicada situación financiera no ha llegado hasta la cajas de ahorro de España, bien porque su sistema de gestión y de concesión de préstamos hipotecarios ha sido mucho más riguroso, bien porque no era el momento. Pero ese momento se atisba a la vuelta de la esquina para algunos analistas que afirman que aún queda mucho fondo que caer en esta crisis. Ahora bien, la posibilidad de fusión entre las cajas de ahorro traería más de un problema a los gestores y por supuesto, a los políticos locales y regionales que en muchos casos las han considerado como un instrumento político más en sus funciones. El propio presidente de la Confederación Española de Cajas de Ahorro Juan Ramón Quintás, afirmaba hace unos días que se debería reducir este peso político en las cajas que ha sobrepasado en ocasiones el 50 por ciento de representación permitida en los órganos de gestión de las cajas. Pero Quintás va más allá, para él este excesivo peso político es lo que impide que las cajas efectúen fusiones que permitan fortalecer sus fondos y afrontar con garantías lo que aún está por venir. Por otro lado nos podríamos encontrar con una pérdida de identidad de estas entidades financieras si la fusión se ejecutase. Pero, ¿se han preguntado lo que supondría una fusión a gran escala de todas las cajas de ahorro del país? Para empezar la cuota de mercado de las cajas en depósitos de clientes es superior a la de los bancos, un 54,33 por ciento frente a un 45,67 respectivamente. De hecho esta fusión crearía una entidad financiera mayor que los dos principales bancos del país, el Bilbao y el Santander, aunque para Quintás este planteamiento sería poco menos que utópico teniendo en cuenta que “habría más de un Consejero de Economía que vetaría ese proyecto”. Aquí matiza que el único que debería opinar sobre estas decisiones es el propio Ministerio de Economía o el Banco de España. Es verdad que las cifras del ejercicio en este tercer trimestre para las cajas de ahorro no apuntan a la adopción de medidas drásticas, pero está por ver que la morosidad no toque el techo alcanzado durante la anterior crisis de la década de los 90, nivel que se baraja en estos momentos para empezar a preocuparse.

Publicado en el diario Negocio

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