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Está siendo una semana un tanto extraña en cuanto a decisiones judiciales. Somos muchos los que nos estamos preguntando, ante determinados sucesos, si no se están cometiendo demasiados errores, y si esos errores sería posible evitarlos. Nos sorprendía el pasado martes, no por la propia sentencia sino por su origen y modo en que se inició, la decisión de absolver a los directores del diario vasco –y en vasco- Egunkaria, después de un cierre que se ha declarado poco constitucional, y después de 7 años en los que sus cinco responsables se han visto obligados a vivir bajo el prisma de colaboración con el terrorismo. Una decisión que venía a rectificar la clausura de un medio de comunicación en un país que alardea de democrático pero que cojea en demasiadas ocasiones en la aplicación de tan evocador término. Pero es que además, apenas un día más tarde, el Tribunal Constitucional admitía un recurso del Gobierno contra la ley autonómica valenciana por la que se permitían los derribos del barrio valenciano de El Cabañal. Una decisión que esta vez, llegaba una semana después de que el Gobierno de Rita Barberá hubiera ordenado el inicio de los derribos. De nuevo, paso atrás bien recibido por los principales afectados –aunque convendría destacar aquí que algunos vecinos esperaban el derribo y su posterior realojo con impaciencia- pero demasiado tarde como para poder imaginar una reparación del daño: 6 derribos en tres días y numerosos ‘daños colaterales’ a consecuencia de las cargas policiales. No levanten los pies del suelo porque aún está por decidir la constitucionalidad del Estatuto de Cataluña que también ha generado mucha expectación, y que se espera desde hace ya tres años y medio. Nadie dice que sean decisiones fáciles de tomar, pero si resulta que Egunkaria nunca debió cerrarse o que las viviendas de El Cabañal nunca debieron derribarse, cabría preguntar si el Juez Baltasar Garzón debería sentarse en el banquillo, acusado de prevaricación, por querer investigar los asesinatos perpetrados durante la época del franquismo. Desde este lado, cordura y sentido de justicia para los que deben tomar las decisiones para evitar errores imposibles de reparar.

Publicado en La Tribuna de Toledo

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