01 de mayo de 2010

“Por cierto, ¿quién es Standard & Poor’s?” Con estas palabras el portavoz comunitario de Economía, Amadeu Altafaj, restaba importancia esta semana a la rebaja a bono basura de la deuda griega por parte de la agencia de calificación S&P. La misma que el pasado miércoles rebajaba un escalón también la calidad de la deuda española provocando un descalabro de la bolsa a pocos minutos del cierre del parqué. En fin, no seré yo quien cuestione la autoridad del portavoz de la Unión Europea en materia económica pero, sin llegar a tanto, cabrían algunas matizaciones al asunto para que no cunda el pánico. Con permiso del autor, un buen amigo, me apropio de un ejemplo que refleja bastante bien la cuestión para nosotros, el común de los mortales. Imagínense a un grupo de amigos entrando a un restaurante, uno se fija en lo limpio o sucio que está todo, otro se fija en lo buena o mala que está la comida y otro en la calidad del servicio recibido. Todas son variables importantes pero el experto sanitario califica a la baja al restaurante por la suciedad encontrada, el experto culinario valora al alza por la materia prima, y el último, experto en personal, da la máxima nota por la cualificación de los empleados. Como es de esperar, el sanitario decreta el cierre del  local con lo que ya no recibirá las ayudas del banco para su actividad. Pues eso, salvando las distancias, es lo que ha venido a decir Standard & Poor’s de España, que hay cosas buenas como que no se pone en duda la solvencia, pero que hay aspectos que mejorar, como ya reconocía este jueves el Secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, como la deuda privada o las exportaciones, aunque advertía que S&P no dejaba claro en este informe en qué nuevos elementos objetivos se había basado para determinar esa degradación. Pues eso, que ni el restaurante está tan sucio ni España se hunde. Además, déjenme recordar que la misma agencia de calificación Standard & Poor’s daba la mejor nota para los activos de Lehman Brothers en septiembre de 2008, para más señas, cinco días antes de su quiebra.

Publicado en La Tribuna de Toledo

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