Es curioso, uno se toma un tiempo para leer las reacciones al anuncio del Gobierno sobre el nuevo tipo impositivo para las grandes fortunas, y pocos se tragan que se vaya a llevar a cabo. Pero no les falta razón cuando al Gobierno le cuesta tanto dar los detalles de ese impuesto, elevar tanto el rango de los que se verán afectados por él –hasta un millón de euros de patrimonio-, y limitar su permanencia en el tiempo, ¿hasta que dure la crisis? Tan poca incidencia parece que vaya a tener esta medida que ni siquiera tendrá su reflejo en el Producto Interior Bruto español. Es decir, se confirma que se trata, si al final se aplica porque el Ejecutivo espera “al momento oportuno”, de un impuesto con mucho miedo. Claro, se habla de que una de las consecuencias de esta iniciativa puede ser la evasión de capitales de España para irse a otros países de Europa. Es más, ayer podíamos leer en Expansión, en un alarde de patriotismo, “Cómo sacar los ahorros del país”, y se recomendaba la compra de bonos alemanes. Pues bien, deben saber que en Alemania, la coalición entre democristianos y socialdemócratas que presidió Angela Merkel entre 2005 y 2009, introdujo un impuesto denominado para los ricos, por el que, desde 2007, la personas que ingresan más de 250.000 euros anuales entregan a las arcas del país el 45 por ciento de sus ingresos, casi nada. Francia también cuenta con un impuesto para las rentas altas que han llamado impuesto de solidaridad de las fortunas, muy francés sí, que se aplica a todo aquel que tenga más de 790.000 euros de patrimonio, aunque en este caso Nicolas Sarkozy lo limitó estableciendo un “escudo fiscal” que impide que el contribuyente pague más del 50 por ciento de lo que gana al año, que tampoco está mal. Entonces, ¿a qué tenemos miedo? ¿A la huída de capitales? ¿A confrontar a un sector minoritario de la población con un gobierno socialista? Porque sigue siendo socialista, ¿no? Aquí no hay cambios de rol como se ha sugerido, ni los recortes sociales para reducir el déficit hacen al Gobierno de derechas ni el rechazo de la oposición a las medidas la hace de izquierdas. Puede que nos encontremos ante el mayor plan de ajuste de la democracia, pero no olvidemos que estamos ante la mayor crisis de la democracia.

Publicado en La Tribuna de Toledo

Anuncios