Esta semana se ha vuelto a poner sobre la mesa la posibilidad de compartir los gastos de la Sanidad Pública con las visitas al médico, es decir, el copago. Y como decía aquel protagonista de una película española, “el concepto es el concepto”. Qué razón tenía. Era el martes pasado cuando la Ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, volvía a poner sobre la mesa esta posibilidad aunque reconocía “dudas lo suficientemente amplias” que podían hacer no aplicarla en este momento. Lo malo de esto es que el debate ha surgido con la imperiosa necesidad de reducir el déficit público. Jiménez ya advirtió que el asunto había estado en el cajón de todos los ministros de sanidad, pero sacarlo ahora le da un matiz poco acertado. Siempre se ha mantenido que el copago, cantidad con la que el usuario contribuye a sufragar una parte del coste de los servicios sanitarios que ha recibido, serviría para disuadir del abuso que se hace en muchas ocasiones, tanto para las consultas al generalista, como en el uso de las urgencias. Si lo aplicamos como sugiere ahora el debate, con un interés recaudatorio, se corre el riesgo de romper la equidad porque, al poner la tasa más alta, afecta sobre todo a las personas mayores y a la salud de las rentas más bajas. Pues con todo, desde un lado y de otro, las contradicciones y puntos de vista son de lo más variopintas. ¿Cómo lo aplicas? ¿Y a quiénes? ¿Según la renta? ¿Y cómo la mides? En Alemania existe un bono ambulatorio que pagas con independencia del número de consultas o pruebas realizadas. En Francia se adelanta el pago y después el Estado reembolsa el 80 por ciento del importe, aunque también se paga la comida del hospital, la cama del acompañante o la habitación individual. En Noruega el paciente se hace cargo del importe de un servicio hasta un límite determinado, a partir del cual lo paga el Estado. En Portugal se paga a más de 2 euros la visita al centro médico, alrededor de 4 euros al hospital, para las urgencias 8 euros y 5 por cada día de ingreso. Por eso es tan importante el concepto, copago para aumentar ingresos o copago para disuadir del mal uso de la Sanidad Pública. Cuando tengamos eso claro, será más fácil decidir el cómo, el a quién, y el cuándo.

Publicado en La Tribuna de Toledo

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