Parece que todo vale cuando se blande el cumplimiento de los objetivos de déficit. Este viernes el Consejo de ministros presidido por el presidente del Gobierno Mariano Rajoy, recién llegado de su viaje por Latinoamérica,  aprobaba otro paquete de medidas para reducir esta variable económica esta vez sacada de la Sanidad  y la Educación, nada menos que algo más de 10.000 millones de euros. En este nuevo recorte se encuentra el incremento de las tasas en las universidades españolas, auténticos viveros para los futuros talentos españoles. Image Yo trabajé para pagarme los estudios, y puedo decir que no es fácil. Pero es que si me llega a tocar esta nueva medida educativa, hubiera tenido que trabajar aún más, probablemente me hubiera visto obligado a saltarme alguna clase. Por cierto, en mi época ya se penalizaba a los repetidores con terceras y cuartas matrículas de una misma asignatura. El incremento de las tasas supone, según las estimaciones del propio ministerio que comanda José Ignacio Wert, un incremento medio de 540 euros para los alumnos de nuevo ingreso. Para los repetidores, podría llegar a los 7.000 euros en los casos más extremos. Es por eso que comunidades como la de Madrid barajan la posibilidad de repartir la subida entre todos los cursos  y que no recaiga sólo en los nuevos. Pero el problema no está ya en gravar a los repetidores. El problema está en que seguimos con la idea de que sólo los que tienen dinero son los que pueden recibir la mejor formación, o la mejor sanidad. Estas medidas nos pueden dar hoy los 10.000 millones de euros que necesita España para calmar a los mercados, pero mañana nos puede quitar la capacidad para hacer frente a nuevos retos tecnológicos, industriales o de investigación que, como siempre, acabaremos importando.

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