Al final habló, y quiso explicar lo de la “línea de crédito” en “condiciones favorables” para sanear la banca. El presidente del Gobierno Mariano Rajoy se puso frente a la prensa el pasado domingo, aunque sus palabras se siguen reproduciendo hoy en los mismos medios y más aún en los círculos económicos y políticos europeos. Palabras a las que se suma una que no se pronunció: rescate. Para saber más habrá que esperar al mes de julio, que será cuando Rajoy hable en el Congreso de los Diputados. Pero preocupa más lo que se dice por ahí de nosotros, al margen de la victoria de Nadal o el papel de ‘la roja’ en la Eurocopa (menos mal). Al parecer un medio inglés publicaba hoy que lo que está sucediendo entre el Gobierno de España y su sistema bancario es lo mismo que ocurre cuando dos borrachos se abrazan, se sostienen el uno al otro pero antes o después terminan cayendo. Casi nada. Pero además un portavoz de la Eurocámara se refería al rescate a España como medida para “proteger los ahorros de los españoles”. Palabras que no pronunciaron en ningún momento ni Luis de Guindos ni Mariano Rajoy al día siguiente. Quizá debió ser esa la clave, no se trata de inyectar más dinero a los bancos -que es de lo que se trata- sino de rescatar a las familias que peor lo están pasando, y que tanto utilizan para decir que son la peor cara de la crisis, pero que se sigue manteniendo esa cara contra el suelo. A ellos es a los que se debería rescatar, a los que no reciben ninguna prestación, a los que están a punto de desahuciar, a los que se siguen levantando cada mañana a buscar trabajo, a los que no tienen con qué continuar sus negocios, a los que… ¡Rescátenlos a ellos! Y si el banco tiene que cerrar, que sólo pida dinero para dar lo que le corresponde a cada cliente.

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