Ayer me hablaron de una entrevista al expresidente del Gobierno Felipe González, que no me podía perder en un diario nacional. Me dijeron: “a doble página”. Fue suficiente. Pensé, “hace tiempo que no compro periódicos”. Es verdad, los leo en internet. Para mí son una víctima más de esta crisis, los tengo en casa, casi todos, en la pantalla del ordenador. Muchos periodistas se han ido al paro precisamente porque ya no compramos los periódicos en papel. Una pena, ese olor, ese tacto, da la sensación de que lo que allí hay escrito tiene un valor, tiene un poder. Así era, así fue. Y así debería seguir siendo. Pero hay otras víctimas, muchas. Se han contado, lo fueron, o lo serán en los próximos días, meses. Seguro. Pero me he fijado en unas, concretas, palpables. Alguien dirá “de carne y hueso”. No. Éstas son de cemento y acero. Así he querido llamar a esta nueva serie de entradas en este blog. Sí, las víctimas de la crisis son incontables. Bueno, para algunos se acerca a la cifra de 6 millones de personas, pero ahí sólo –y nada menos- están los parados. Víctimas hay más, las que ven reducido su sueldo, llegan a casa y se tienen que poner a hacer números, aunque tengan trabajo. Las que tienen cada vez más difícil dar empleo a otros, aunque ellos tengan trabajo, porque si algo ha dado esta crisis –además de numerosas víctimas y nuevos gurús por cierto-, es un nuevo valor a la expresión “reacción en cadena”. Uno que se queda sin trabajo es uno que deja de comprar el periódico, uno que deja de salir a cenar una vez por semana para hacerlo una vez al mes, -si lo hace-, uno que deja de ir al cine, uno que deja de comprar una camisa, uno que deja de ir a un museo, uno que deja de ir a un concierto y, dadas las fechas, uno que deja de ir de vacaciones junto a toda su familia. Multiplicad vosotros eso por casi 6 millones de personas –y esos sólo son los que están en paro, insisto-.

Pues bien, de esa cadena que se ha roto por múltiples eslabones, me he fijado en unas víctimas que tienen todo que ver con las personas, porque las hacen, pero que están hechas de cemento y acero. Esos edificios, majestuosos, proyectados en una época de esplendor y que ahora se ven desnudos y faltos de admiración porque están inconclusos. Esos edificios que se han quedado a mitad de ejecución por falta de presupuesto, porque llegó la crisis, aunque ya venía de camino, y devoró toda posibilidad de terminación. ¿Ejemplos? Muchos. La ciudad de la cultura gallega de Eisenman. El aeropuerto sin aviones de Castellón. El puerto deportivo de Laredo… Pero hay más, muchos más, algunos de igual envergadura y otros más modestos. A éstos quiero hacer referencia, a esos que pretendían hacer un servicio esencial a la ciudadanía y se han quedado en el camino. En el camino, en los cajones o en el limbo, porque algunos parece que no terminarán de hacerse. Es a esos a los que quiero dedicar este espacio, sin ánimo de crítica, sin culpas, sin responsabilidades políticas… Y es que no necesitan más notoriedad de la que ya despiertan en los ciudadanos, viandantes, conductores, paseantes, ciclistas… cuando pasan por delante y revisan ladrillo a ladrillo, viga a viga, un proyecto inacabado, de lo que pudo haber sido y no fue, y sobre el que muchos arrojan esa frase demoledora: mejor estaba cuando era un solar…

Aquí empieza: Víctimas de cemento y acero.

Anuncios