De la sociedad sí, o de los ciudadanos. Es lo que todos pensamos para acabar esta frase. Pero no, no siempre se da así aunque a los que nos dedicamos a esto nos gusta que parezca que sí. Precisamente el Periodismo debería ser ese agente regulador y controlador de las acciones de un gobierno, de un partido, de una institución, de una organización… Y miren que respeto la labor de gabinetes, agencias o departamentos de comunicación, que sí, que he trabajado y sigo colaborando con ellos. Pero esos gabinetes se dedican a otra cosa, a ensalzar las virtudes de otros productos, de otro tipo de acciones e iniciativas. El periodismo que se debe dar en los medios de comunicación es el de las distintas fuentes, el de contrastar las informaciones, el de manejar distintos enfoques y puntos de vista, y no sólo el de los intereses a los que sirve el gabinete o agencia, aunque esté dirigido, como debe ser, por periodistas.

Pero ese periodismo, el de los medios de comunicación, debería servir para mantener las líneas rojas, los límites, en el mismo sitio a pesar de los cambios de gobierno, sin posibilidad de moverse ni a un lado ni al otro, ni más arriba ni más abajo según convenga. Es más, ya el simple hecho de que la dirección de la corporación de Radio Televisión Española (RTVE) cambie con cada gobierno de la nación me parece perverso.

Me lamenté el día que cesaron a Fran Llorente, le conocí en unos cursos en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) en Santander en el año 2009, con un título ostentoso es verdad, pero cierto: ‘Cómo se hace un informativo líder’ en televisión. Me disgustó el cese de Juan Ramón Lucas, porque había conseguido hacer de esas horas de radio más que un altavoz, una gran oreja atenta a los comentarios y opiniones de la gente que luego difundía, y no me negarán que eso gusta. Y tampoco he sentido nunca gran devoción por Ana Pastor, aunque reconozco que me gustaba saber de las principales noticias del día en sus Desayunos.

No estoy clamando aquí por un periodismo independiente por los cuatro costados, el periodismo es periodismo en un medio de comunicación público como en uno privado, aún sabiendo que en ambos (y he trabajado en los dos), los intereses friccionan en la redacción con parecida presión.

Ahora bien, si hablamos de un periodismo como controlador y regulador de las acciones de un gobierno, qué mejor forma de hacerlo que con una televisión pública que ha demostrado tener el criterio suficiente para discernir entre lo bueno y lo malo tanto de un partido como de otro, o de todos. Eso es lo que deberíamos reclamar. Un medio de información público que realmente sirviese al conjunto de la sociedad, y sí, pagado por el estado, como compromiso de lealtad con sus ciudadanos para informar de las malas prácticas de un gobierno, y de las buenas por supuesto. Igual que tenemos una Fiscalía Anticorrupción, o departamentos que persiguen otros delitos más propios de los administradores del Estado.

Y es eso lo que hubiéramos deseado muchos en esta nueva etapa, más allá de si se hubiera debido apostar por gente de la casa debido a la crisis o si se hubiera tenido que mantener a tal o cual periodista por sus logros de audiencia (ah, esa es otra, la audiencia no debería reinar en los medios públicos para valorar su función, aunque se la deba tener en cuenta como termómetro para evaluar y mejorar el producto).

Pues eso, que algunos hubiéramos deseado que esta vez sí, se hubiera optado por la continuidad de un modelo que apostaba por un periodismo al servicio de… la sociedad y los ciudadanos.

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