Centro Regional de Expresiones Artísticas, de ahí le viene el nombre, Quijote CREA. Al igual que en el caso del Hospital general de Toledo, ésta iba a ser una gran obra de infraestructura que iba a insuflar un aire modernista y vanguardista a la ciudad. En una de las zonas más transitadas de Toledo, pero algo descuidada como era el antiguo complejo de la Escuela militar de Gimnasia, donde se alzaba un viejo pabellón polideportivo en ruinas. Allí se ideó construir este conjunto arquitectónico que contemplaba un gran auditorio modulable con capacidad para 700 personas, cafetería, aparcamiento con cerca de 500 plazas y un edificio anejo para albergar oficinas.

Un complejo que tenía previsto estar en activo para el mes de febrero de este año. Sí, febrero de 2012. El proyecto se anunció en mayo de 2007; en agosto de 2009 se hizo la adjudicación definitiva a la empresa encargada de las obras y el 6 de septiembre de 2010, el entonces presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, el socialista José María Barreda, y el alcalde de la ciudad, Emiliano García-Page, se encargaron de poner la primera piedra en las obras.

No parece que vaya a concluir la recuperación de la zona con el Centro Cultural de San Lázaro, así lo conocimos los que cubrimos aquella información. Una preocupación que ya demostraron en la asociación de vecinos de la zona, que esperaban, y esperan, unas zonas verdes y de recreo que acompañaban a esta infraestructura.

Aquel proyecto que se iba a ejecutar en 18 meses por 28 millones de euros por la empresa -22 meses y 34 millones según el pliego de licitación- y que iba a ocupar un espacio de 5.800 m2, presenta hoy un aspecto bien distinto a éste. Sus muros han llegado hasta el cielo, pero su fachada ha quedado desnuda de aquellos elementos dorados y de madera que iban a dar al edificio principal la cara más moderna del arte en sus distintas formas de expresión.

Hoy son tiras de plástico las que cuelgan de esa estructura, como lágrimas que claman por un vestido que tape sus vergüenzas, cimientos de hormigón y ladrillo que han quedado a la vista de los ciudadanos que pasan cada día por allí. En el acto de colocación de la primera piedra se dijo que serían “los propios toledanos” quienes gestionasen este espacio para la cultura. Dudo muchos que los toledanos quieran tener esta mole, otra víctima de cemento y acero, en una de las zonas más transitadas de la ciudad. Al menos el pabellón de gimnasia en ruinas generaba nostalgia, y no rechazo.

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