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Hace una semana, el martes pasado, el presidente del Gobierno Mariano Rajoy ocupaba todas las portadas de los periódicos, impresos y digitales. Y abría buena parte de los informativos de televisión y los boletines de radio. Declaraciones, reacciones, opiniones, etc. Efecto producido por la entrevista concedida la noche anterior a Televisión Española (TVE).

Misma entrevista que concedía una semana más tarde, es decir, ayer, el líder de la oposición y secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba. Sin embargo sus declaraciones han quedado en un segundo plano, si no tercero, en todos los medios nacionales. Y en el lugar que supuestamente éste debía ocupar aparece Esperanza Aguirre y su dimisión por sorpresa. Y nadie pone en duda que sea todo un acontecimiento informativo, algo que ella sabía a la perfección, conocedora como es de los movimientos de la prensa y su forma de pensar. Quizá por eso el momento elegido no fuera en nada casual. En plena precampaña electoral como nos encontramos ante las elecciones vascas y gallegas, previstas para el próximo 21 de octubre, no era gratuito aparecer quitándole todo el protagonismo al líder del PSOE en un momento como éste, en el que además las encuestas –y sobre todo el ánimo de la gente- están minando la mayoría absoluta que consiguió el PP en las pasadas elecciones generales. Sabía lo que hacía, cómo lo hacía y cuándo lo hacía.

Y no, dudo mucho que haya sido una victoria mediática al estilo de los kamikazes, a Esperanza Aguirre le queda mucho todavía que decir en estas elecciones, y probablemente más aún en el partido.

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