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Se puede ser desagradable y se puede ser desagradable empleado en una oficina del paro, que hace más daño. Desde el 1 de enero de este año los orientadores profesionales del Inem han desaparecido, casi todos, por lo que en todos los tablones de la oficina te recibe un cartel diciendo: “Somos empleados públicos, no tenemos la culpa de la crisis”.

Oficina Inem

No tendrán la culpa, pero el contraste es notable cuando hablas con una persona, que te ayuda, que te dice que están desbordados, que hacen las tareas de otros y no llegan, y luego, cinco minutos después, te encuentras con otra persona que te echa prácticamente de la mesa porque te falta una información de la que no te habían hablado cuando, previsor, has llamado antes para preguntar qué hace falta llevar para la cita.

–       Los datos bancarios.

–       ¿Los datos bancarios? Llamé para ver qué tenía que traer y me dijeron que sólo la carta de despido.

–       Y los datos bancarios, vienes a que te paguemos ¿no?

–       No, vengo porque me han echado y quiero seguir trabajando.

Esa es la diferencia entre los que trabajan amargados y los que son conscientes de que están siendo actores en uno de los episodios más traumáticos de la vida de una persona. Puedes participar de esa vida de una manera amable, ayudando, comprendiendo, animando… Hasta pasando desapercibido se puede pasar por la vida de otros, que no pasa nada. Pero cuando el empeño es dejar huella con la chulería o la soberbia, en una situación en la que, para qué engañarnos, eres más vulnerable, esa huella se hace más profunda.

Parados

Es verdad, ellos no tienen la culpa de esta crisis, pero como en todo trabajo, la tarea se puede hacer bien, regular y mal. Y no creo que hacerlo mal deba tener ninguna recompensa.

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