Vais a pensar que esto es un chiste pero no, es un hecho real. Como que me ha pasado vamos.

La situación se desarrolla en el Punto Limpio de Olías del Rey, localidad a unos 9 kilómetros de Toledo. Allí llego yo con el coche cargado de restos de poda de un arbolito –cuatro ramas vamos-, y el responsable del lugar me pregunta que de dónde vengo:

– De aquí, de Olías.

Pero inocente de mí añado:

– Pero soy de Bargas –otra localidad a dos kilómetros de la primera-. ¿Por?
– Ufff. Por que en Bargas tenéis otro punto limpio.
– Ya, pero para esto que traigo, que además es de Olías…
– ¿Y por qué de Olías?
– Porque son ramas de un árbol que tiene mi padre en el jardín.
– ¡Ah bueno! Pues dime el nombre de tu padre.
– Carlos …. Pero es que ha fallecido.
– ¡No me jodas!
– ¿Qué pasa?
– Pues que sólo recogemos cosas de la gente del pueblo.
– Pero es que son de una casa del pueblo.
– Ya pero…
– ¿Y qué debería hacer entonces?
– ¿Y tu madre?
– Pues ya hace…
– Es que deberías llevarlo a Bargas.
– ¿Y si me preguntan que de dónde vienen estas cuatro ramas?
– Pues te dirán que las tires aquí…
– ¿Y la solución es…?
– Te tendría que cobrar, pero vamos a hacer la vista gorda…

Mi asombro es igual que el vuestro en este momento. Al final el “buen” hombre hizo la vista gorda y me dejó tirar las ramas allí. No quiero imaginar los trámites que tendrá que hacer el que lleve la lavadora vieja de su suegra… Pobre.

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