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Aún se está edificando el nuevo PSOE y algunos de sus cimientos empiezan a generar las primeras dudas sobre su consistencia. Desde el primer momento se nos dijo que las primarias a la presidencia del Gobierno se iban a celebrar “sí o sí”, pero después de conocer el nombre para suceder a Alfredo Pérez Rubalcaba en la Secretaría General del partido, esa idea se tambalea.

Atrás ha quedado ya el debate sobre la fecha de celebración de esas primarias, cuando se fijaron en el mes de noviembre como fecha inamovible. Después de la cascada de barones regionales pidiendo aplazarlas hasta después de las elecciones municipales y autonómicas de 2015, Pedro Sánchez parece que ya le da menos importancia a esa condición. El secretario de los socialistas castellanomanchegos, Emiliano García-Page, explicó esa cesión durante su encuentro con Sánchez en Ferraz de julio con un juego de palabras muy ilustrativo: “Si las primarias son primarias, la fecha en que se celebren no son primarias, son secundarias”.

Ahora bien, el mismo García-Page, que en su reunión con el elegido para liderar el partido solicitó que se tuviera en cuenta la opinión de las regiones para decidir el momento de celebrarlas, “que no dependa sólo de él”, dijo a los medios de comunicación, también aventuró que Sánchez sería el único candidato a suceder a Mariano Rajoy en La Moncloa.

La idea del “candidato único” se empezó ya extender en otros territorios, como en Extremadura donde Guillermo Fernández Vara ya mencionó también que le gustaría que Pedro Sánchez se presentara solo a esas primarias. “La bicefalia no está en la cultura del PSOE” declaró.

La cuestión ahora es que, si finalmente Pedro Sánchez, después de ser ratificado secretario General del partido en el Congreso extraordinario de finales de julio, se presenta como candidato único a disputar la Presidencia del Gobierno a Mariano Rajoy, esas elecciones primarias no tendrían lugar, porque no habría con quién disputarse el puesto. Y la verdad es que después del resultado de la consulta a la militancia socialista para escoger a su nuevo jefe, hay pocas probabilidades de que salga alguna voz con la temeraria intención de entablar una pugna en ese sentido. Fuentes de la dirección del PSOE en Ferraz, en plena “transición”, no dejaban lugar a dudas: “Ya sabemos quién manda”.

Así que nos encontramos con una promesa de primarias abiertas no solo a los militantes, sino también a los simpatizantes, que no va a tener lugar. Si ya se entendió regular en Europa la decisión de rechazar a Jean-Claude Juncker para presidir la Comisión Europea, después de haber comprometido su apoyo, mucho peor se iba a entender en España que la regeneración del principal partido de la oposición empezara sobre una promesa incumplida a la militancia, y también a los ciudadanos.

Hay muchas esperanzas puestas en esa regeneración de una parte de la izquierda, la única probablemente que se podría postular como verdadera alternativa de Gobierno. Así que alguien debería explicar debidamente qué es lo que va a pasar con esas primarias, y qué quiere para su partido Pedro Sánchez.

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