Víctimas de cemento y acero (cYa)

El ‘resucitado’ Palacio de Congresos de Toledo cYa#03

Ha pasado un poco desapercibido debido a la celebración de la Feria regional de Artesanía, Farcama, pero la ciudad de Toledo tiene mucho más que celebrar estos días, y no es otra cosa que la apertura del Palacio de Congresos. Es verdad que no debería estar en este espacio, víctimas de cemento y acero, ya que ha sido una obra que ha continuado y por fin se ha abierto a las empresas, en pocos días lo hará también al público. Pero han sido muchos años de obras en los que muchos de los que seguimos de cerca su lenta evolución temimos por la paralización definitiva de las obras. No fueron pocos los problemas que se encontró un proyecto faraónico en un espacio casi imposible para albergar una idea forjada en unas de las mentes más vanguardistas de la arquitectura nacional, Rafael Moneo y Joan Busquets.

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Entre esos problemas se encontraron los comunes de cualquier obra, como modificados de proyecto o cuestiones técnicas, y otros más rocambolescos como la caída de una piedra de mil toneladas -sí, un millón de kilos- al foso que desestabilizó y obligó a cortar el principal acceso a la plaza más emblemática de la ciudad, además de temblores y caída de cascotes en el cercano museo de Santa Cruz.

Es verdad que el proyecto nació con todas las bendiciones, si me permiten la licencia, ya que tenía el nombre del creador, Rafael Moneo; la garantía de la integración con el entorno; los beneficios de los accesos que abría al centro de Toledo desde lo que se proyectó como uno de los intercambiadores más modernos, en el recinto de Safont, con autobuses, trenes, tranvías y hasta escaleras mecánicas -cuyas obras están hoy paradas-. Quizá fueron estas bondades las que consiguieron unir las voluntades de los principales partidos políticos de la ciudad para concluir el proyecto. El PP que fue el que lo ideó y arrancó con José Manuel Molina como alcalde, y después con el PSOE, ya con el actual regidor Emiliano García-Page, que se comprometió a terminar esta infraestructura que vendió como vital para la ciudad. El coste estuvo a punto de echarlo a perder, más de 50 millones de euros -y no deja de ser una estimación- y con la llegada de esta crisis económica se temió por su apertura, que ya llevaba un retraso de seis años. Hasta la empresa encargada de su explotación (Gestió i Serveis), tuvo que poner cerca de dos millones para equipamientos.

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Pero no ha habido mejor remedio para el dolor de cabeza de los políticos que la celebración del primer evento, del laboratorio farmacéutico Bayer, celebrado esta semana. Sin duda una de las mejores noticias que hemos podido dar los periodistas que estuvimos durante años a pie de obra, y no exagero. Esperemos que esta obra -perdón, es la costumbre-, que este edificio, alcance su máximo esplendor con la celebración del IV Centenario de la muerte de El Greco, a quien le ha robado el nombre. Un placer poder decir hoy que ha resucitado el Palacio de Congresos ‘El Greco’, de Toledo.

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